V MEMORIAL ALBERT BALBIS

Mientras me dirigía hacia la plaza sentí una sensación rara. Para mí no era una salida como otra cualquiera. Me sentía triste y a la vez contento. Un sentimiento que me acompañó a lo largo de toda la mañana. Llegué a la plaza y fue una gozada comprobar la cantidad de ciclistas que allí nos juntamos. Me encontré con muchos compañeros y amigos a los que hacía tiempo no veía. Uno de los que me causó especial alegría encontrar fue el Joaquín, al parecer restablecido ya de sus dolencias. También me encontré con otros a los que sigo viendo más a menudo, y asimismo muchas caras conocidas de personas que ni siquiera sé el nombre, pero que siempre suelen acudir cuando hay eventos como el que íbamos a conmemorar. Sin embargo encontré a faltar algunos de los que pensaba que estarían allí y no fue así. Supongo que sus compromisos les impidieron acudir al homenaje. Pero como tal y como dice el proverbio “vale más una imagen que cien palabras”, creo que la foto de familia que encabeza la crónica, habla por sí sola.

Arrancamos compartiendo comentarios, saludos y charradas, no sin la sensación de respeto que, de forma tácita, se respiraba en el ambiente. Una vez estuvimos en ruta, hubieron los habituales “piques”; (Congost, rotonda de Olesa y Aéreo), quizás porque el pelotón era más numeroso que de costumbre, me pareció que el ritmo no fue tan fuerte como en otras ocasiones.

Y llegamos al aéreo, lugar de reagrupamiento y con ello, prestos a rendir homenaje a nuestro compañero desaparecido.

Como en años anteriores el acto fue muy emotivo y no estuvo exento de emoción. El respeto que sentíamos todos los allí presentes se hacía evidente por los tonos contenidos de las conversaciones. José Antonio Balbis, quiso que estuviera junto a ellos y la emoción fue muy fuerte. Recordé, como si hubiera sido ayer, la última vez que vi con vida al Albert. Yo iba entrenando por la carretera que va de S. Cugat a Vallvidrera y un quilómetro antes de llegar a la plaza de Vllavidrera, en dirección Barcelona, me alcanzó con la moto,  al llegar a mi altura, siempre tan amigo de sus amigos,  ralentizó la marcha para saludarme.

Contenidos por la emoción, concluímos el acto con la lectura del manifiesto por parte del presidente, y con un minuto de silencio en memoria del Albert y de todos los comapñeros desaparecido.  Después hubo algunos amigos y compañeros que, por compromisos familiares, no pudieron acompañarnos en el desayuno y tuvieron que regresar, pero es de agradecer que estuvieran presentes en el homenaje.

El almuerzo transcurrió sin novedades dignas de mención, pero siempre con el Balbis preocupado por que todos estuviéramos servidos y que a nadie le faltara de nada. Una vez repuestas las fuerzas, los más valientes discutimos la “jugada” de por dónde íbamos a regresar. Finalmente se decidió hacerlo por “El Suro” (así es como desde siempre se le ha llamado a la carretera que discurre por el pueblo conocido como Ullastrell). Y hacia allí nos juntamos una buena grupeta compuesta por el Nico, el Presi, el Manu; el David, el Rafa, el Seve, el Jose, el Marc, el Dani, yo y un compañero que creo es amigo del Manu, pero no sé su nombre; diez en total si no me olvido de nadie.

La subida ¿qué decir? De nuevo me convertí en la sombre del Rafa. Por delante se fueron el Nico, el Presi, el David, el amigo del Manu (el globero misterioso), el Jose  y el Marc; por detrás el Rafa, yo, el Manu, el Seve y el Dani. Y así hasta la cima donde nos reagrupamos.

Una vez reagrupados tratamos “en conferencia”  por dónde volver, y finalmente optamos por hacerlo por Terrssa y Rubí, opción esta que obtuvo un mayor consenso.

Puestos de acuerdo nos lanzamos en la bajada en pos del Rafa (como baja el condenado), que por cierto se equivocó de desvío y se metió por la C 58, un despiste sin importancia que le costó perseguir al grupo durante un ratito.

Pero la batalla que se desató desde Terrassa hasta Molins, fue épica. Los demarrajes se sucedieron uno tras otro sin piedad. Claro que en lo que a mí respecta me limité a ir escondido y a “verlas venir”, que ya no tengo edad para según qué trotes. Sin embargo lo más destacado, creo que se produjo  llegando a Molins. Después de un fuerte arreón del Pastillas, que tomó la cabeza por la zona del Papiol y nos puso en fila, faltando menos de un quilómetro, saltó el Marc, pero conocedor del terreno, calculé que lo hizo demasiado pronto y que lo atraparíamos como así sucedió. Fue atraparlo y saltó el Rafa, era el momento justo, salté tras él y aunque no pude acabar de cogerle rueda, llegamos al semáforo prácticamente juntos.

Ya por Molins se nos unieron el David, el Jose y el “globero” misterioso. Ignoro que pasó con el resto del grupo, pero supongo que se pararon en algún sitio porque, aunque estuvimos cierto tiempo esperando en S. Just, ya no les vimos más el pelo.

Cuando llegué a casa mi cuentaquilómetros marcaba 107 km. a una media de 27,5 km.h. y la velocidad máxima alcanzada, nada menos que 74 km. que es de suponer alcanzamos en las últimas rectas que hay antes de entrar en Terrassa, poco antes del desvío hacia Rubí. El pulsómetro no llegué a ponerlo en marcha porque, como ya os dije la semana pasada, es un mentiroso compulsivo.  Mis piernas pedían clemencia.

Y nada más compis, un día memorable para confirmar que aún existen valores y principios en los que siempre he creído, tales como la solidaridad, la amistad, la comprensión y sobre todo, ponerse en el lugar del otro. etc. Sólo me resta deciros que no podré estar con vosotros en la próxima salida. Mi hija Arantxa (la que fue campeona de España de fondo en pista en el 2008), va a participar en la maratón de Barcelona y no puedo dejar de estar cerca de ella para animarla.

Un saludo.

Cinto

 

 

 

 

 

 

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