Cuarta salida puntuable, 26/02/2017. Sitges, regreso opcional por S. Pere de Ribes, Ordal

La salida era a Sitges, y la vuelta opcional, por el Ordal. Un recorrido que me encanta y que por nada del mundo hubiera querido perderme. Calculé el tiempo aproximado que “la tropa” tardaría en llegar a la rotonda de Las Filipinas, y el que tardaría yo en llegar hasta allí desde la estación de Quatre Camins. Calculé bien, y  justo cuando llegué, apareció el grupo conducido por el Presi. El saludo de rigor, un vistazo para ver quienes venían  y, hala, a rodar bien escondido. Sin proponérmelo me vi a rueda del Albert Monsó. —Buena rueda—, pensé.  —Tiene buen cuerpo y anchas espaldas, perfecto para rodar por el llano. Como anécdota diré que atrapamos a un espontáneo quien, en vez de limitarse a ponerse a cola del grupo, le sacó de rueda, desplazándole hacia la izquierda y dejándole cara al viento. Pero ante tamaño descaro, le agarré por el maillot y con gesto serio le dije; —deja entrar a ese chaval—, y a continuación indiqué al Albert que volviera ponerse donde estaba antes. El espontáneo reaccionó pidiendo disculpas y ya no le vi más el pelo ¿alguien le vio irse a la cola?

El ritmo era bastante fuerte y en alguna ocasión mi cuentaquilómetros marcó algo más de 41km h. Esto provocó que alguna grupeta no pudiera resistir la “tentación” de unirse a nosotros.

Llegamos al inicio de las Costas, y ya en el primer repecho se desata la batalla. Se marchan por delante el Javi Perona, el Presi, el Neng (que nos pasa arrancándonos las pegatinas), el Jose, el Marc y el David (hermano del “nuber one”) quien hacía tiempo no le veíamos. Al Rafa y a mí (este año parezco su sombra), nos pasaron unos cuantos de los que se habían unido a nosotros, y formaron grupo con los de delante. Pero ambos (somos “perros viejos”), sabíamos que muchos de ellos estaban haciendo la “arrancada de caballo” y que más adelante harían la “parada de burro”. Efectivamente, después de Vallcarca, siempre con el Rafa tirando (parecía enrabietado), fuimos pasando  gente y también alcanzamos al David, quien se unió a nosotros (no le quedó más remedio), hasta el final.

El primero en la Gasolinera fue el Javi seguido del Presi y el Neng, a poca distancia llegaron el Marc y el Jose y muy poco después lo hicimos el Rafa, el David y yo. Finalmente fueron llegando el Seve, el Manel, el Marcos y el resto del clan Monsó   (si me olvido de alguien le pido perdón).

Mientras esperábamos se unió a nosotros el Herrero; un viejo conocido y amigo entrañable, y unode los socios  fundadores del Velo, con quien en tiempos pasados, el Rafa y yo, tuvimos el honor de compartir muchas épicas batallas.

En el bar ya nos esperaban el Bartolo, el Manuel Cánovas, el Dani, que optó por venir en coche después de su maratoniana jornada del sábado, y además vino acompañado de sus dos peques, y el Balbis, a quien vi muy ilusionado por presentarnos al Felipe,  un nuevo y posible compañero de futuras batallas, a quien, desde estas líneas le mando nuestra más cálida y sincera bienvenida, deseándole que disfrute de nuestra entrañable colla tanto como la disfrutamos todos nosotros. Bienvenido al Velo, Felipe.

Después de reponer fuerzas, nos hicimos, como de costumbre, la foto de familia. En esta ocasión faltaron el Presi y el Capi, que no sabemos si estaban “pelando la pava” con la muchacha que nos sirvió (¿es la dueña Presi?), la cual recibió al Presi con grandes muestras de cariño besándole efusivamente (¡AY, AY, AY!).

Sin más arrancamos dispuestos a acometer la segunda parte del recorrido; unos directamente por las Costas, otros por el recorrido opcional, S. Pere de Ribes, Olivella, S. Pere de Molanta y el Ordal.

En esta ocasión los valientes fuimos el Rafa, el Seve, el Marc. El Jose, el Presi, el Manel y yo. A buen ritmo nos fuimos acercando al cruce de Olivella, donde había que girar a la izquierda (unos 11km. desde Sitges), en dirección a S. Per de Molanta y la N-340, y desde donde la carretera se va hacia arriba en un repechón engañoso.

Y digo “engañoso” porque al principio no parece excesivamente duro ni largo. Pero conocedor del terreno, sé que más adelante se endurece con alguna rampa del 7 y el 9%  y que después de 2,5km. parece acabarse. Sin embargo 600m. más adelante la carretera vuelve a empinarse durante otro largo e interminable quilómetro (casi 4km en total).

Empezamos a subir y compruebo que el ritmo se anima, y pensando en el Ordal, decido soltarme del grupo y subir “al tran tran”. Durante la ascensión me acompaña el Manel a quien voy animando y aconsejándole que no se confíe, que el repechón engaña y que procure no “gastar” demasiado.

Nos reagrupamos en la rotonda de S. Pere de Molanta con la N-340 donde nos encontramos con el Amable Cancio y el Jaume Vilamajó, dos primeras espadas que están compitiendo en la categoría de master, y quienes se unieron al grupo hasta el repechón del pueblo del Ordal. Allí abrieron gas y dijeron “adiós muchachos”. El Rafa y yo (insisto en que este año me he convertido en su sombra), cedimos en los últimos metros, poco antes del pueblo, pero una vez perdimos contacto, aunque estuvimos muy cerca, ya no pudimos empalmar.

Y así llegamos a la cima; los primeros el Jaume y el Amable que se fueron con un pie, a continuación el Presi, el Jose y el Marc, y a muy pocos metros de éste, el Rafa y yo. Después llegaron el Seve (me confesó que se había equivocado al querer seguir al grupo en el repechón de marras), y el Manel, este último demostrando tener una voluntad de hierro ¡Ánimo Manel!.

En la bajada estuvimos persiguiendo al Rafa hasta Vallirana, donde tuvo que aflojar por la densidad del tránsito (y es que no hay cosa que moleste más a los ciclistas que los coches ¿por qué no se quedan en casa los domingos?)

Me despedí del grupo en el desvío de la N-340 con la N-II, o sea al lado de la estación de Quatre Camins, miré mi cuentaquilómetro; marcaba 95km, a una media de 27km. h. lo que considero no está nada mal para ser un viejo globero. Pero el pulsómetro no lo miré; es un mentiroso compulsivo que en las pulsaciones máximas alcanzadas, siempre marca de más.

Y nada más compis, aquí se acaba esta crónica del Cinto (ese viejo globero), pero antes de despedirme os recuerdo la gran cita la próxima semana. Nada menos que el Memorial Albert Blabis, una cita en la que no podemos ni debemos faltar nadie. Tanto él, como su familia, se merecen que dediquemos una mañana a su recuerdo.

Un saludo.

Cinto.

 

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